Smart contract: ¿Contratos verdaderamente inteligentes?

Autor: Dr. Christian Martinho Lotz, LL.M. (Freiburg)

Fecha: 11.09.2018

El termino smart contract no es nuevo, sin embargo conviene poner blanco sobre negro las implicaciones jurídicas que tiene y conocer su trascendencia en nuestra marco legal y económico.

El smart contract, tal como está concebido en estos momentos, no es un contrato como lo venimos entendiendo hasta ahora. Un smart contract es un software con una cadena de códigos concreta situada en el back end (en la parte no visible) de una página web o de una aplicación. Entonces, si el smart contract no es un contrato, ¿A qué nos estamos refiriendo? Más que hablar de smart contract, debemos de familiarizarnos con el término contrato legal inteligente. Mediante esta tipología de contrato, se permite formalizar un contrato a través de la tecnología blockchain o cadena de bloques (esta es la gran diferencia con los contratos electrónicos actuales). El contrato legal inteligente, cuyo contenido se formalizará en el front end (en la parte visible) de una página web o de una aplicación, es accesible para las partes involucradas mediante una interfaz de usuario, permitiendo entrar en contacto con el software o con los programas autoejecutables, esto es, con el smart contract. Gracias a la tecnología blockchain las partes pueden interactuar recíprocamente y también con la interfaz del usuario. Por lo tanto, el smart contract no es un contrato pero, sí es un instrumento indispensable que permite la ejecución automática del contrato legal inteligente.

Ahora bien, para poder definir el contrato legal inteligente como contrato, aquél debe de reunir los requisitos previstos en el Art. 1261 et. seq. de nuestro Código Civil (CC) porque, de lo contrario, podría ser impugnado en los tribunales. En primer lugar, como en cualquier contrato, debe de haber un consentimiento entre las partes a celebrar el contrato y a obligarse a un fin concreto, esto es, a la compraventa de un bien inmueble, el arrendamiento de un servicio…etc. Sin embargo, en los contratos legales inteligentes también existe un consentimiento preestablecido. Las partes aceptan expresamente que la prestación objeto de sus respectivas obligaciones se ejecuten automáticamente mediante el smart contract en las condiciones previamente pactadas y, sin necesidad de obtener nuevamente su autorización. Resulta de gran importancia entonces informar de forma clara y exhaustiva a las partes de cuáles serán los procedimientos que se van a desarrollar en un contrato legal inteligente, los efectos que provocará la ejecución automática de sus prestaciones, así como el alcance patrimonial que tiene la citada ejecución automática de las prestaciones. En segundo lugar, un contrato debe de disponer de un objeto. En el contrato legal inteligente, el objeto no presenta ninguna complicación porque, es suficiente con que cumpla lo previsto en los Arts. 1271 y 1272 CC. El contrato legal inteligente no podrá tener como objeto algo que sea contrario a las leyes o a las costumbres o tratarse de una cosa o servicio imposible de dar o prestar. En tercer lugar, los contratos deben de tener una causa. En los contratos objeto de este análisis, la causa puede ser semejante a los contratos previstos en el Art. 1274 CC, en los que se presta o se promete una cosa o servicio a cambio de un precio. Sin embargo, conviene destacar que forma parte de la causa, la ejecución automática de las prestaciones conforme a las representaciones mentales de las partes. Las partes del contrato deben ser conscientes en todo momento de la naturaleza especial de la ejecución de las prestaciones. Finalmente, en cuanto a la forma, ésta será mayoritariamente escrita, no sólo debido al smart contract sino porque, como hemos podido observar, el contrato legal inteligente no se reduce solamente al smart contract, sino que debe de incluirse en este concepto la existencia de una página web o de una aplicación en el que se va a poder formalizar la operación, así como el anclaje de todo ello en una address o dirección en un blockchain o cadena de bloques (p. ej. en un IPFS – Interplanetary File System).

Desde mi modesto punto de vista, la idiosincrasia de este tipo de contratos no va a suponer un impedimento para que los contratos legales inteligentes vayan a popularizarse y sean cada vez más frecuentes en nuestro mercado jurídico-económico globalizado. Si bien quedan cuestiones a desarrollar, como por ejemplo, el reconocimiento por parte de todos los intervinientes de la denominada “fiabilidad del tercero” (organismo que cruza datos relativos a la identidad de las partes en una operación con la dirección de blockchain; p. ej. los oráculos), no por este motivo los agentes económicos van a dejar de realizar operaciones económicas. Cualquier tecnología entraña dudas y riesgos pero, nunca se ha avanzado sin asumir riesgos.