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Inactividad entre contratos temporales: ¿Cuando se rompe la unidad del vinculo? Un comentario a la STS de 21 de septiembre de 2017

Autor: Clara Marín

 

El Tribunal Supremo ha revocado una Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Galicia que consideraba que a efectos del cómputo de antigüedad no podía presumirse la existencia de unidad de vínculo en los casos en que mediaba una interrupción de tres meses y medio entre contratos por tratarse de un “periodo prolongado de inactividad”.

En el supuesto concreto, una licenciada en Farmacia, venía prestando sus servicios para la Xunta de Galicia desde el año 2002 a través de sucesivos contratos temporales por obra o servicio (algunos de ellos concertados con otras empresas mediante cesión ilegal) entre los que mediaban pocos o ningún día de interrupción, con la excepción del mencionado periodo de tres meses y medio. 

La cuestión a tratar en unificación de doctrina, se centraba en determinar la fecha inicial de arranque para el cómputo de la antigüedad de la trabajadora, teniendo como núcleo de debate si una ruptura de tres meses y medio entre dos periodos de servicios puede generar que se quiebre la unidad esencial del vínculo.

El Alto Tribunal aprovecha para recordar en la sentencia su doctrina sobre esta materia, antes de “proyectarla” sobre el caso concreto: hace ya tiempo que, con carácter general, se le quitó valor al antiguo criterio del plazo interruptivo máximo de 20 días (plazo de caducidad para la acción de despido), ampliándolo, de conformidad con el derecho y la jurisprudencia de la UE, “a periodos que carezcan de relevancia en relación con la duración total de los servicios prestados”.  Es decir, se abandona el mero cómputo aritmético de las interrupciones entre contratos, para atender también a criterios como el “tiempo total transcurrido desde el momento en el que se pretende fijar el inicio del cómputo, el volumen de actividad desarrollado dentro del mismo, el número y duración de los cortes, la identidad de la actividad productiva, la existencia de anomalías contractuales, el tenor del convenio colectivo, y, en general, cualquier otro que se considere relevante a estos efectos.” Por otra parte, el Tribunal Supremo ha aclarado ya  en anteriores ocasiones, que el mero hecho de que se haya cobrado prestación por desempleo durante el periodo de inactividad, o la simple firma de recibos de finiquitos entre los sucesivos contratos, son circunstancias que, individualmente consideradas, no implican ruptura del vínculo contractual. 

Aplicando los mencionados criterios a las circunstancias que concurren en el caso concreto, el Tribunal Supremo zanja el debate suscitado en suplicación, según sus propias palabras de “manera coherente con su doctrina”, reconociendo la antigüedad de la trabajadora desde el primero de los contratos por obra o servicio firmados, a pesar de la interrupción de tres meses y medio que hubo entre dos de ellos. 

Como diría Eduardo Rojo, “buena lectura” de la sentencia