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Situación de desequilibrio patrimonial: responsabilidad del administrador y mala fe del acreedor

Autor: Ana Tuya 

Fecha: 18.10.2018

Como sabemos, las sociedades mercantiles responden de las deudas contraídas por su actividad con sus propios recursos, dejando a salvo el patrimonio de sus socios y administradores que no responden de las deudas sociales. Pero hay excepciones.

Así, en el supuesto de que la sociedad incurra en alguna causa disolución (y la situación de desequilibrio patrimonial es una de las más habituales), nuestro Derecho contempla la responsabilidad solidaria de los administradores por las obligaciones sociales posteriores al acaecimiento de la causa, si no adoptan determinadas medidas:

  • convocar en el plazo de dos meses la junta general para que adopte, en su caso, el acuerdo de disolución,
  • solicitar la disolución judicial o, si procede, el concurso de la sociedad, en el plazo de dos meses a contar desde la fecha prevista para la celebración de la junta, cuando ésta no se haya constituido, o desde el día de la junta, cuando el acuerdo hubiera sido contrario a la disolución.

Por ello, cuando la sociedad tiene pérdidas que dejan reducido su patrimonio neto a una cantidad inferior a la mitad del capital social, a no ser que éste se aumente o se reduzca en la medida suficiente, y siempre que no sea procedente solicitar la declaración de concurso, la responsabilidad solidaria prevista en la Ley permite, a cualquiera de los acreedores de la sociedad, elegir si dirige la reclamación de su crédito frente a la sociedad o frente a los administradores en determinadas circunstancias. Para ello es necesario:

  • que los administradores hayan incumplido la obligación convocar Junta o, en su caso, de solicitar la disolución judicial o el concurso, si procede,
  • que el crédito sea posterior a la causa de disolución.
  • que el  acreedor actúe de buena fe.

Respecto a la buena fe del acreedor, si bien ha habido sentencias que exoneraban  de responsabilidad al administrador cuando el acreedor conocía, al concertar la deuda, la situación de desequilibrio patrimonial de la sociedad, el Tribunal Supremo, debido a la recurrencia de dicha cuestión, matiza que no basta el conocimiento de la situación de pérdidas para que se entienda que el acreedor actúa de mala fe, sino que han de concurrir algunas circunstancias añadidas  (por ejemplo una posición de control en la sociedad deudora) para analizar si la conducta del acreedor es susceptible de ser considerada como de mala fe.